Muchos dirán que tiempo para ser feliz sí hay, pero no para
publicar algo diariamente en las redes sociales. El punto no es la publicación,
sino el ritual alrededor del momento feliz que por lo general pasa rápido y a
veces no lo percibimos porque estamos ocupados pensando en cosas que
aparentemente son más urgentes.
Yo lo hice. Publiqué una foto en mi cuenta de Instagram
diariamente durante cien días. Al principio fue difícil: me acordaba tarde, no tenía fotos, me sentía medio boba, etc. Pero lo hice. Y no puedo decir si esos cien días hicieron de mí una persona más feliz, pero sí me ayudaron a observar con detalle cada momento del día hasta
identificar los mejores, y a buscar siempre lo bueno sin importar que
mi estado de ánimo no fuera el mejor.
Hubo días más difíciles que otros, a veces estuve aburrida, brava, triste, o simplemente no me sentía bien, pero mantuve
presente el objetivo y siempre logré encontrar el mejor momento a pesar
del caos mental que tuviera, y confirmé que si nos detenemos a pensar en las cosas buenas,
los momentos malos pueden ser más llevaderos, y que una buena actitud disminuye
significativamente la gravedad de cualquier situación adversa.
Puede parecer contradictorio con lo que nosotras pensamos
sobre la felicidad que los momentos felices los representen personas,
relaciones, objetos, fiestas, entre otros hechos que no pertenecen precisamente
a nuestro mundo interior. Pero aprovecho la oportunidad para mencionar la
importancia que tiene cada detalle en nuestra construcción de felicidad (desde
nuestro interior). En mi caso, mi felicidad no puede depender de mi familia, de mis amigos,
de mis gatos, de las fiestas a las que asisto, etc., pero sí la construyo a
partir de la forma como aprovecho o interpreto cada pedacito de vida que experimento, compuesto por los momentos, personas y detalles que menciono; a ese rompecabezas de vida que voy armando le sumo mi actitud frente a
la existencia de cada una de sus piezas, y mi capacidad de prescindir de alguna de ellas en caso de ser necesario, sin perder mi felicidad.

Este ejercicio me permitió conocerme un poco más en la medida en que aumentó mi capacidad para identificar cuándo me siento cómoda y cuándo no, facilitando la toma de decisiones y la capacidad de hacer renuncias cuando sé que algo no me aporta lo que necesito para mi proceso. Tengo una lista mental de mis principales placeres y de esas tareas malucas que a veces tengo que hacer (como todos) para poder obtener otras cosas que deseo. Me siento tranquila porque sé que poco a poco he ido formando una base sólida sobre la cual puedo construir cosas bonitas y aportarle algo positivo al mundo.
#100happydays es un ejercicio personal que cada uno debería
hacer independiente de si se publica o no en las redes sociales, aunque es precisamente esta
publicación lo que, en mi caso, hizo que me sintiera más comprometida a ser constante y llegara hasta el final; además la publicación
diaria de cosas tan personales puede ser terapéutica por poner a prueba la creatividad y
representar una lucha contra el miedo a ser uno mismo frente al mundo; y tal vez
el resultado sea una mayor libertad personal, y un yo más auténtico.
Alicia
*Para conocer más sobre el reto #100happydays visita la página: http://www.100happydays.com/es/


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