
La Pájara, como los demás animales, creció siguiendo patrones de conducta transmitidos de generación en generación.
Sus padres le habían enseñado “lo bueno” y “lo malo”, qué debía y qué no debía hacer; había dedicado su vida a seguir las “reglas” aprendidas, sin intentar pensar por si misma ni cuestionar sus limitaciones y paradigmas, y mucho menos a tomar decisiones que le permitieran llevar un estilo de vida más feliz.
Un accidente la obligó a pensar diferente. En un
pueblo desconocido, lejos de las personas que siempre le habían mostrado qué
camino debía tomar, se vio enfrentada ante ella misma y tuvo que asumir la
responsabilidad de su propia vida, de sus decisiones y de su felicidad.
La primera reacción de La Pájara en aquel pueblo fue
negar la realidad a la que se estaba enfrentando e intentar volver a la vida que
siempre había llevado; voló con la intención de reencontrarse con los
pájaros conocidos y regresar a las rutas que siempre había recorrido. Fue
en vano; sentía mucho miedo.
Pasaron
los días y se fue rodeando de nuevos pájaros que la animaban a volar, cada vez
iba más alto; la invitaban a recorrer lugares para ella desconocidos pero
llenos de magia, y empezó no sólo a aceptar el cambio en su vida, sino también
a disfrutarlo; a valorar cada detalle y darse cuenta de todo lo que esa nueva
experiencia le estaba permitiendo aprender. Se fue sintiendo cada vez más
viva.
Sus amigos reflexionaban todo el tiempo sobre la importancia de conquistar nuevos
destinos, y un día decidieron volar lejos del pueblo. La Pájara iría con ellos. Emprendió su vuelo con un miedo aterrador que paralizaba
sus alas. Por su mente pasaban imágenes sobre los riesgos a los que se exponía
y sólo podía pensar en la seguridad que le brindaba su pasado. La incertidumbre
le generaba una gran ansiedad, y creyó estar cometiendo el peor error de su
vida. Pero confió en su instinto y voló hacia los nuevos cielos.
Después de
varios días de vuelo sobre hermosos paisajes, grandes ríos, extensos valles, altas montañas y brillantes ciénagas; después de haber sentido en sus plumas la diversidad de climas, y percibido la inmensa variedad de olores y colores de la naturaleza; una tarde, cansada pero orgullosa, se posó sobre una rama a
admirar un hermoso atardecer que caía sobre un lindo valle: el Valle de
Aburrá.
Con el suave viento en su cara admiraba ese paisaje tan conocido sintiendo que no lo había visto nunca; estaba rodeada de pájaros de todos los colores que volaban alegremente a su alrededor; reconoció ante ella misma que sus miedos la habían paralizado durante muchos años, la habían limitado a vivir una vida llena de falsas seguridades, y no había explotado todo el potencial de sus hermosas alas. Comprendió que la felicidad es lo opuesto al miedo, porque el miedo ata, y la felicidad expande; el miedo paraliza, y la felicidad fluye. Supo que la felicidad es la comprensión de que los miedos están dentro de nosotros y representan una limitación que decidimos adoptar, y que de la misma forma podemos decidir vencer. Y finalmente entendió que crecer significa ampliar la conciencia, comprender que somos tan pequeños como tan grandes son las ataduras de nuestra mente, y decidir lanzarse al vacío para volar en los vientos de la felicidad.
La Pájara Zumbambica
Con el suave viento en su cara admiraba ese paisaje tan conocido sintiendo que no lo había visto nunca; estaba rodeada de pájaros de todos los colores que volaban alegremente a su alrededor; reconoció ante ella misma que sus miedos la habían paralizado durante muchos años, la habían limitado a vivir una vida llena de falsas seguridades, y no había explotado todo el potencial de sus hermosas alas. Comprendió que la felicidad es lo opuesto al miedo, porque el miedo ata, y la felicidad expande; el miedo paraliza, y la felicidad fluye. Supo que la felicidad es la comprensión de que los miedos están dentro de nosotros y representan una limitación que decidimos adoptar, y que de la misma forma podemos decidir vencer. Y finalmente entendió que crecer significa ampliar la conciencia, comprender que somos tan pequeños como tan grandes son las ataduras de nuestra mente, y decidir lanzarse al vacío para volar en los vientos de la felicidad.
La Pájara Zumbambica
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*Este texto está inspirado en un paseo realizado a San Félix (en Bello, Antioquia), un lugar con vista al Valle de Aburrá, donde se vuela en parapente. La Pájara recomienda visitar un restaurante llamado Jaragua, tiene la vista más hermosa del lugar.
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