¿Cuánto
tiempo de mi día estoy realmente viviendo y disfrutando el presente? ¿Cuántas
veces salgo de la casa a alguna parte y no recuerdo cuando cerré la puerta, qué
ruta tomé, qué carros o personas vi en el trayecto? ¿Cuántas veces me he
atrevido a romper con la rutina, conocer gente diferente, tomar caminos
alternos y conocer nuevos lugares, incluso dentro de mi propia ciudad?
Ésas y otras preguntas parecidas se hacía La Pájara
constantemente; se preguntaba no sólo por ella sino por sus amigos, conocidos y
extraños que observaba día tras día. Vencer el miedo y atreverse a volar le
había permitido entender que diariamente recorremos los mismos caminos en un
estado de trance que nos impide apreciar los lugares, paisajes y personas que
están a nuestro alrededor. Ese estado sucede al tener nuestra mente ocupada en
acontecimientos pasados o en preocupaciones futuras. Sin olvidar que además le
tememos a lo desconocido y nos negamos a asumir nuevos retos por temor al
riesgo que éstos implican, y terminamos creando rutinas estrictas, llenas de lo
mismo: frecuentamos los mismos lugares, con las mismas personas, buscando
experimentar las mismas sensaciones. Y sin ser conscientes de esto, a veces
esperamos que las cosas cambien, y por supuesto no lo hacen; es ahí cuando
empezamos a sentirnos mal y buscamos culpables, pero no se nos ocurre
incluirnos en esa lista porque no nos observamos.
Entender esto llevó a La Pájara a tomar la decisión de empezar a
ver la vida como si nunca hubiera visto nada, como si no conociera ninguna de
las cosas que había visto siempre, dándose permiso para sorprenderse. Decidió
ver la vida con ojos de viajero porque cuando viajamos estamos atentos al
presente, observamos, probamos, conocemos nuevas personas, oímos nuevos ritmos,
estamos atentos a todos los momentos que sólo en el presente podemos disfrutar.
Por eso no es extraño que cuando viajamos nos sintamos más felices.
Sin embargo es necesario entender que la Felicidad no es un
destino de viaje, no es una meta, no se consigue al final de un camino. La
Felicidad es una forma de ver la vida que se construye por decisión propia y
genera una profunda sensación de paz y bienestar interior que se reflejan en el
comportamiento y las relaciones con otras personas, con el mundo y con nosotros
mismos. Es comprender que hay que vivir bien HOY, hay que estar en paz HOY, hay
que disfrutar lo que está pasando HOY, hay que amar HOY, y no dejar la vida
para después, porque después lo único que pasa es que se acaba la vida. La
cultura en la que vivimos nos dice que debemos hacer sacrificios hoy para poder
ser felices mañana, y mañana ya no queremos, ya no podemos o ya no estamos.
Esta comprensión llevó a La Pájara a vivir profundos cambios
internos que se tradujeron en una mejor calidad de vida que le permitió
contagiar de energía a otros pájaros que volaban a su alrededor, y mostrarles
que existen otros lugares desde los cuales se puede ver la vida, y desde los
cuales esa vida puede verse más bonita.
*Este texto está inspirado en un paseo realizado al centro de la
ciudad de Medellín. La Pájara recomienda los siguientes lugares en caso de que
se cuente con sólo un día para recorrerlo:
Plaza Botero – Parque Berrío
Hotel Nutibara
Pasaje Junín
Café Versalles
Catedral Metropolitana
Iglesia de la Veracruz
Metro cable – Santo Domingo Savio
Parque Biblioteca España
Salón Málaga
Parque del Periodista: El Eslabón prendido y Wall
Street.
Afuera de la rutina pasan cosas buenas!
La Pájara Zumbambica

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