Tuvimos la oportunidad de conocer y conversar un rato
con este personaje que dice tener el mejor trabajo del mundo, y que cuando le
preguntan qué es lo que hace, sabe que debe reservar a esa respuesta por lo
menos 1 hora y media porque: 1. Sus interlocutores siempre tienen una pregunta
más que hacerle cuando él termina de responder algo; y 2. Su pasión le impide
resumir la historia de su vida que ha sido la que lo ha llevado a construir la
persona que es hoy: un hombre que desde su experiencia ha adquirido el
conocimiento y la habilidad necesarios para mostrarle al mundo que podemos ser
felices, a partir del uso de su mejor herramienta, su corazón.
Después de haber trabajado en una fábrica de quesos, de
haber sido policía y entrenador “fitness“, descubrió su “don“ para ayudarle a
otras personas a construir felicidad, y se convirtió en Coach personal; creó el departamento de Felicidad en la empresa Open English en donde trabajó durante dos años, hoy es asesor independiente y se autodenomina Director de la Felicidad, y su objetivo es transformar al
mundo compartiendo felicidad con otros y enseñándole a la gente cómo ser feliz.
Alain se considera a sí mismo una persona feliz y atribuye esta felicidad al hecho de haberse liberado desde niño de las imposiciones que el mundo nos pone a todos, y haber sido capaz de serle fiel a su corazón. Hace dos años encontró la forma de transmitir su pasión al mundo entero; parafraseando a Alain, su trabajo consiste en compartir su felicidad, no tiene reglas para trabajar porque trabaja desde su corazón y con sus sentimientos, se conecta con cada una de las personas y se pone a su mismo nivel para que ellos puedan expresarse tranquilamente. Ama lo que hace y asegura que es la mejor forma de vivir porque “la felicidad es amor“. Con su trabajo persigue un objetivo: cambiar el mundo haciendo niños libres, felices y creativos, porque estos niños son los adultos del futuro.
Alain se considera a sí mismo una persona feliz y atribuye esta felicidad al hecho de haberse liberado desde niño de las imposiciones que el mundo nos pone a todos, y haber sido capaz de serle fiel a su corazón. Hace dos años encontró la forma de transmitir su pasión al mundo entero; parafraseando a Alain, su trabajo consiste en compartir su felicidad, no tiene reglas para trabajar porque trabaja desde su corazón y con sus sentimientos, se conecta con cada una de las personas y se pone a su mismo nivel para que ellos puedan expresarse tranquilamente. Ama lo que hace y asegura que es la mejor forma de vivir porque “la felicidad es amor“. Con su trabajo persigue un objetivo: cambiar el mundo haciendo niños libres, felices y creativos, porque estos niños son los adultos del futuro.
La felicidad ha sido el motor de cada decisión que ha tomado en su vida, cuando
este motor se ha apagado Alain ha buscado algo nuevo para hacer: “sé que debo parar lo
que estoy haciendo y seguir mi camino“.
La meditación tiene un lugar importante
en su vida, le ayuda a detenerse en el presente y conocer el origen de cada una
de sus emociones para poder entenderlas, aceptarlas y no permitir que éstas
pasen por encima de su elección de vida: la felicidad. Considera el Mantra Om[*]
como el acto de amor más puro. Y se rodea siempre de personas cuya energía
vital sea compatible con la suya.
Al preguntarle a Alain sobre el origen de su felicidad se remonta hasta sus 3 años, edad en la que perdió a un ser querido y se vio sumergido en un sufrimiento que según él fue la primera puerta abierta hacia la construcción del ser humano que es hoy. A pesar de este incidente y de la frustración que dice haber sentido, como cualquier otro niño del mundo, cuando sus padres u otras personas mayores no aprobaban su comportamiento, se recuerda a sí mismo como un niño feliz, y asegura que de haber perdido esos recuerdos, como le pasa a la mayoría de las personas que ha conocido, no sería hoy en día el Director de la Felicidad. Alain considera que la infelicidad radica en un bloqueo que sucede en algún punto del desarrollo personal, impidiéndonos crecer como seres auténticos, coherentes con nuestros deseos y libres de paradigmas y limitaciones mentales.
El Señor Lagger considera su capacidad de enseñar felicidad como un don que sólo se atrevió a reconocer cuando dejó a un lado el miedo por sentirse diferente y entendió que “cada uno de nosotros es único pero al mismo tiempo todos somos iguales … pero únicos“, y que la única forma de ser feliz es permitiendo que la creatividad fluya dentro de nosotros para que se desarrolle libremente nuestra verdadera esencia.
A propósito de estos dos conceptos, Libertad y Creatividad, Alain cree que tienen una relación directa con la felicidad: “puede serse primero libre y empezar a crear, o en medio de la creación volverse libre, y sólo ahí empezar a construir felicidad“. Se considera un artista, bajo el argumento de que su “expresión de arte es su discurso, pues no lo hace con el fin de obtener créditos, sino como una forma de expresarse a sí mismo“.
Le preguntamos a Alain qué consejo le daría a la humanidad que viva en este mundo dentro de 100 años, en caso de poder hacerlo, para que puedan vivir mejor, y su respuesta fue: “Dentro de 100 años el ser humano estará en un momento evolutivo tan superior que no necesitará mis consejos“.
Al preguntarle a Alain sobre el origen de su felicidad se remonta hasta sus 3 años, edad en la que perdió a un ser querido y se vio sumergido en un sufrimiento que según él fue la primera puerta abierta hacia la construcción del ser humano que es hoy. A pesar de este incidente y de la frustración que dice haber sentido, como cualquier otro niño del mundo, cuando sus padres u otras personas mayores no aprobaban su comportamiento, se recuerda a sí mismo como un niño feliz, y asegura que de haber perdido esos recuerdos, como le pasa a la mayoría de las personas que ha conocido, no sería hoy en día el Director de la Felicidad. Alain considera que la infelicidad radica en un bloqueo que sucede en algún punto del desarrollo personal, impidiéndonos crecer como seres auténticos, coherentes con nuestros deseos y libres de paradigmas y limitaciones mentales.
El Señor Lagger considera su capacidad de enseñar felicidad como un don que sólo se atrevió a reconocer cuando dejó a un lado el miedo por sentirse diferente y entendió que “cada uno de nosotros es único pero al mismo tiempo todos somos iguales … pero únicos“, y que la única forma de ser feliz es permitiendo que la creatividad fluya dentro de nosotros para que se desarrolle libremente nuestra verdadera esencia.
A propósito de estos dos conceptos, Libertad y Creatividad, Alain cree que tienen una relación directa con la felicidad: “puede serse primero libre y empezar a crear, o en medio de la creación volverse libre, y sólo ahí empezar a construir felicidad“. Se considera un artista, bajo el argumento de que su “expresión de arte es su discurso, pues no lo hace con el fin de obtener créditos, sino como una forma de expresarse a sí mismo“.
Le preguntamos a Alain qué consejo le daría a la humanidad que viva en este mundo dentro de 100 años, en caso de poder hacerlo, para que puedan vivir mejor, y su respuesta fue: “Dentro de 100 años el ser humano estará en un momento evolutivo tan superior que no necesitará mis consejos“.
Le preguntamos también si cree que una persona que no tiene sus necesidades
básicas satisfechas puede ser feliz, y su respuesta fue positiva: “entre más
necesidades satisfechas tenga una persona, más cosas va a necesitar y más
difícil será satisfacerla. En cambio, por ejemplo, un niño que ve a su mamá
salir diariamente de la casa para caminar 2 horas y media hasta un pozo del
cual regresa con 3 baldes de agua, se siente absolutamente feliz con cosas tan
simples como una botella de plástico o un lapicero“, y este ejemplo aplica para
todo.
Compartimos la intención de Alain de
transformar el mundo, y nos sentimos absolutamente agradecidas con él por haber
compartido su tiempo y su experiencia con nosotras. Cada día nos convencemos más de que sí podemos aportar en la construcción de una sociedad más sana, coherente, libre y responsable, a pesar de que, como dice Alain, mucha gente va a pensar que estamos locas.
La Pájara Zumbambica

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